¡Hoy Llovió!

 

Me desperté esta mañana al escuchar una lluvia liviana fuera de la ventana de mi recamara. Me trajo una sonrisa aun antes de abrir mis ojos. Soy uno de aquellos excéntricos a quienes les gusta un día lluvioso de vez en cuando. En cada lugar donde he vivido, la lluvia siempre ha sido parte normal del clima. Respecto al clima (y a muchas otras cosas también), California es un lugar muy lindo en donde vivir. ¡Pero nunca llueve! Tal como dice la canción famosa, “Nunca llueve en el sur de California . . .” Ahora sabemos que esto es una exageración, porque aun la canción dice que cuando llueve, ¡llueve a cántaros! Aun con lo poco que llueve acá, lo curioso para mi es que la gente, cuando llueve, dice que “hace un mal tiempo”.

Desde el punto de vista de la Biblia, lo interesante es que las lluvias en general representan la bendición de Dios. “Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán.” (Ezeq. 34:26) “Truena Dios maravillosamente con su voz; El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales.” (Job 37:5-6) Igual que las miles de gotas que caen de los cielos, ¡las bendiciones de Dios nos caen de su trono de lo alto! Jesús dijo, “para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” (Mat. 5:45) La verdad es que no podríamos vivir sin el sol, o la lluvia, o las miles de otras bendiciones que Dios derrama sobre el hombre. Aun los “malos” o los “injustos” reciben bendiciones de la mano de Dios.

La lluvia incluso es un testimonio de la existencia y bondad de Dios. “Si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.” (Hechos 14:17) “Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, Haces descender sus canales; La ablandas con lluvias, Bendices sus renuevos.” (Salmo 65:9-10)

“Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo Jehová lo he creado.” (Isa. 45:8) Querido Dios que estás en los cielos, muchísimas gracias por cada bendición que nos derramas desde el cielo. Te conocemos y te amamos. ¡Que llueva!

 

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