Cuatro Limitaciones Que Tenemos Que Aceptar

 

 Por Mark Reeves

Hay cuatro aspectos de la vida del hombre que tienen limitaciones. Si rehusamos aprender estas limitaciones por la Biblia, hemos de aprenderlas por la dura vida escolar. Los que han aprendido estas cosas manifiestan la madurez.

La limitación de nuestros días (Salmo 90:12)

En otras palabras, no podemos vivir en este mundo para siempre. El hombre siempre procura llegar a ser inmortal. Es ilustrado por lo ridículo, en los proyectos para congelar el cuerpo del difunto para después revivirlo. Otros tomamos vitaminas, practicamos el ejercicio, seguimos las dietas. ¿Quién sabe cuánto dinero se gasta en cremas para mujeres para las arrugas o tintes para el cabello del hombre? Seguimos esperando poder vivir un poquito más.

Pero no se puede evitar la muerte. “Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos” (Salmo 90:10). Por tanto el salmista concluye, “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría” (90:12).

La limitación de nuestros talentos (Romanos 12:3-5)

No podemos hacerlo todo. Hay una tendencia hoy en el hombre de ser “un chico para todo”, un aprendiz de todo, y maestro de nada. El famoso atleta norte americano, Bo Jackson, primero simbolizaba el concepto de “cross-training”: comenzó en el fútbol americano, luego paso a practicar el béisbol. Después el famoso Michael Jordan lo intentó. A fin de cuentas tuvo que volver a su deporte principal, el basketball. Por mientras la tele nos dice que todo lo podemos. El joven puede ser obrero de fábrica de día, y estrella de la música “rock” de noche. La mujer de día puede ser una ejecutiva de alguna empresa, y de noche una esposa amorosa y madre cariñosa.

Este tipo de actitud se mete también en la iglesia. El buen director de himnos decide que ya no basta dirigir himnos, quiere llegar a ser un predicador también famoso. Una hermana ve a otra que tiene talento para cocinar, para visitar, para enseñar, y aquella comienza a tenerle envidia. Tal como el cuerpo tiene “muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,” también nosotros somos el cuerpo de Jesucristo “teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada” (Rom. 12:4-6). Un problema ocurre cuando nos preocupamos tanto de tratar de hacerlo todo, que no logramos hacer la única cosa que Dios nos ha dado que hacer (1 Tim. 4:14).

La limitación de nuestros recursos (Eclesiastés 1:8)

No podemos tenerlo todo. La tele nos dice que sí podemos tenerlo todo. “Cómprate este champú, o este tinte para cabello, o estos jeans y tú puedes verte guapa.” “Vente a este corredor de propiedades y tú puedes tener la casa de tus sueños.” Así que nos afligimos, y peleamos por llevar dos trabajos, y “overtime” (horas extras) para juntarnos todas estas cosas.

Sin embargo, resulta todo “vanidad y aflicción de espíritu” (Ecles. 1:14). “. . . nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír” (1:8; cp. 5:10). El hombre fue creado de tal manera que no puede ser satisfecho por las cosas materiales. Más bien necesitamos aprender el gozo del contento (Filip. 4:11; 1 Tim. 6:6-10).

La limitación de nuestras relaciones (Lucas 6:26)

En otras palabras, no podemos agradar a todos. Todos entendemos que los políticos procuran agradar a todos. Pero usted dirá, “Yo nunca haría esto.” ¿Por qué se viste usted como se viste para ir a la escuela (suponiendo que la escuela no exige uniforme)?¿Qué de los compromisos con los principios que hacemos para llevarnos bien con los compañeros de trabajo? Somos culpables de esto cada vez que dejamos de decir la verdad por lo que alguien pensará, cuando no mencionamos lo que la Biblia dice sobre la homosexualidad, cuando no decimos al amigo por qué las prácticas de su denominación no son bíblicas, o al vecino por qué está perdido.

Si usted puede agradar a todos, ¡algo no está bien! (Lucas 6:26). Tenemos que aprender que no podemos agradar a todos, ¡y dejar de intentarlo! Hablemos “no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1 Tes. 2:4). Fijémonos en el galardón que El nos dará!

Conclusión

Si pudiéramos hablar con un tren, a lo mejor nos diría que la vida del ferrocarril es muy estrecha. Pero un tren fuera del ferrocarril viene siendo un accidente. De igual manera nuestras vidas resultan un fracaso cuando no nos quedamos dentro de nuestras limitaciones. Irónicamente, cuando aceptamos nuestras limitaciones encontramos libertad verdadera, y no solamente logramos mucho más, sino que lo podemos también disfrutar.– mhr

 

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