September 14, 2008

El Príncipe de Paz Trajo una Espada

- Gary Henry

“Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré” Hechos 24:25

¿Nos perturba la verdad respecto a Dios? Debe perturbarnos. Es así porque la verdad respecto a Dios tendrá que incluir una mención de nuestra rebelión contra Él, y esta parte de la historia no puede sino perturbar a cualquier persona que ame a Dios.

Las “buenas nuevas” del evangelio no dicen que estamos bien en nuestra presente condición y que solamente tenemos que aceptar a nuestra persona “auténtica”. No, más bien son las buenas nuevas de que el perdón está disponible ante el tribunal de Dios, un perdón que la justicia misma hubiera declarado imposible. Pero las nuevas del perdón pueden ser buenas nuevas solamente si primero estamos dispuestos a aceptar la dura realidad de que ¡necesitamos ser perdonados! El evangelio tiene que ver con el perdón de nuestros pecados (Hechos 26:18), y no es tan frívolo que diga que podemos ser perdonados sin el arrepentimiento (Hechos 17:30). El arrepentimiento, este giro total y decidido, no es un procedimiento que produzca sentimientos cálidos y agradables. Es un proceso que sacude violentamente al alma y es producido por algo que las Escrituras llaman “la tristeza que es según Dios” (2 Corintios 7:10, 11).

Aun si no somos profundamente perturbados por la verdad de lo que hemos hecho a nuestro Dios, ¿cómo no podríamos ser perturbados al oír del precio que Él tuvo que pagar para expiar lo que hemos hecho? ¿Cómo podemos tratar con el evangelio y no “compungirnos de corazón” (Hechos 2:37). O no lo estamos escuchando, o el predicador no lo está predicando. Cuando Pablo predicó la verdad a Felix, este oficial romano no fue movido de su indiferencia para hacer algo respecto a al verdad, sin embargo la presentación del evangelio que Pablo hizo era de tal manera que aun cuando Felix lo escuchaba seriamente, “se espantó”.

¡Cuán diferente ha de haber sido la predicación de Pablo ante la predicación de moda hoy! Malcolm Muggeridge no exageraba cuando dijo, “La iglesia, como muchas instituciones en nuestra sociedad, tiene miedo y se preocupa por congraciarse con la gente, en vez de decirles la verdad.” Predicamos al Príncipe de Paz, y ciertamente es correcto enfatizar la paz que Él quiere darnos. Pero este Príncipe trajo una espada, “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mat. 10:34), y entre sus otras funciones, esta espada ha de cortarnos de nosotros mismos y de nuestra actitud de justificar a nosotros mismos – un asunto en realidad perturbador. “Si el cristianismo nunca nos ha perturbado, [entonces] todavía no hemos aprendido lo que es” – Sir William Temple.

Gary Henry via WordPoints.com mensajes espirituales diarios.

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A continuación se encuentran algunas más escrituras en el lenguaje figurado del libro Apocalipsis que se refieren a la espada del Príncipe de Paz:

Apocalipsis 1:16-17 – “Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último.”

Apocalipsis 2:12, 16 – “Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto . . . Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.”

Apocalipsis 19:15 – De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.”

 

que solamente tenemos que aceptar a nuestra persona “auténtica”. No, más bien son las buenas nuevas de que el perdón está disponible ante el tribunal de Dios, un perdón que la justicia misma hubiera declarado imposible. Pero las nuevas del perdón pueden ser buenas nuevas solamente si primero estamos dispuestos a aceptar la dura realidad de que ¡necesitamos ser perdonados! El evangelio tiene que ver con el perdón de nuestros pecados (Hechos 26:18), y no es tan frívolo que diga que podemos ser perdonados sin el arrepentimiento (Hechos 17:30). El arrepentimiento, este giro total y decidido, no es un procedimiento que produzca sentimientos cálidos y agradables. Es un proceso que sacude violentamente al alma y es producido por algo que las Escrituras llaman “la tristeza que es según Dios” (2 Corintios 7:10, 11).

Aun si no somos profundamente perturbados por la verdad de lo que hemos hecho a nuestro Dios, ¿cómo no podríamos ser perturbados al oír del precio que Él tuvo que pagar para expiar lo que hemos hecho? ¿Cómo podemos tratar con el evangelio y no “compungirnos de corazón” (Hechos 2:37). O no lo estamos escuchando, o el predicador no lo está predicando. Cuando Pablo predicó la verdad a Felix, este oficial romano no fue movido de su indiferencia para hacer algo respecto a al verdad, sin embargo la presentación del evangelio que Pablo hizo era de tal manera que aun cuando Felix lo escuchaba seriamente, “se espantó”.

¡Cuán diferente ha de haber sido la predicación de Pablo ante la predicación de moda hoy! Malcolm Muggeridge no exageraba cuando dijo, “La iglesia, como muchas instituciones en nuestra sociedad, tiene miedo y se preocupa por congraciarse con la gente, en vez de decirles la verdad.” Predicamos al Príncipe de Paz, y ciertamente es correcto enfatizar la paz que Él quiere darnos. Pero este Príncipe trajo una espada, “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mat. 10:34), y entre sus otras funciones, esta espada ha de cortarnos de nosotros mismos y de nuestra actitud de justificar a nosotros mismos – un asunto en realidad perturbador. “Si el cristianismo nunca nos ha perturbado, [entonces] todavía no hemos aprendido lo que es” – Sir William Temple.

Gary Henry via WordPoints.com mensajes espirituales diarios.

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A continuación se encuentran algunas más escrituras en el lenguaje figurado del libro Apocalipsis que se refieren a la espada del Príncipe de Paz:

Apocalipsis 1:16-17 – “Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último.”

Apocalipsis 2:12, 16 – “Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto . . . Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.”

Apocalipsis 19:15 – De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.” 

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